¡Se cumplieron los 50!

Voló el 4° piso… voló, voló, voló. (27 de julio de 2026, Río Támesis).

Nací el 27 de julio de 1976, era martes y en Irapuato caía un diluvio. Soy la primogénita de un par de jóvenes migrantes (mi madre de Sinaloa, mi padre de Guanajuato) que se encontraron en Tijuana y contrajeron nupcias un 14 de febrero.

Crecí en esta ciudad fronteriza, a la que regresé en 1978, y aquí he construido los vínculos más importantes de mi vida. Aprendí a leer y escribir en una primaria pública con nombre de poeta cubano. Luego de 5 años sabáticos, ingresé a la Universidad Autónoma de Baja California y egresé con el Mérito Escolar de mi generación, en la Licenciatura en Comunicación. Mi vida laboral, sin embargo, siempre ha girado en torno a la docencia y las instituciones de educación superior.

Amo hacer radio. Desde 1998, de alguna manera u otra y con ciertas itinerancias, participo en producciones radiofónicas. A la vez, y por un entramado complejo de circunstancias, escribo poesía y otras formas literarias, porque me resulta el medio más natural para expresarme (otros cantan, pintan, danzan, esculpen el barro o la piedra… yo escribo).

Soy madre de mi única cría, desde 2007. Esta encomienda de la vida —que elegí a voluntad— me ha resultado por demás gozosa y, a ratos, devastadora. La maternidad ha sido un espacio para construirnos mutuamente; un remanso/oasis en medio de la realidad cada vez más compleja y caótica del mundo.

Este año, gracias a la complicidad y gestiones de dos de mis primas, amigas de la infancia, celebré mi cumpleaños número 50 con un viaje al Reino Unido, con el objetivo de visitar las casas/museo de escritoras que admiro: Jane Auten, Charlotte, Emily y Anne Brontë, y Beatrix Potter. No imaginaba que, en el proceso, también pasaríamos a la casa de William Shakespeare.

Este viaje, no sólo significó mi primer visita al «viejo continente»: fue, además, la oportunidad sentir la emoción de estar en espacios que han sido testigos —por muchos siglos— de la historia, no solo inglesa, sino del mundo.

Deseaba visitar el Royal Observatory, no recuerdo desde hace cuánto. Soñaba, sí, con detener mis pasos justo en el meridiano 0º. Esa línea imaginaria que divide al mundo en dos (lo mismo que el paralelo 0º). Resultó, sin embargo, una experiencia mucho más estremecedora de lo esperado: pude atestiguar la línea del tiempo del avance tecnológico en ese afán tan humano por medirlo todo. Recordé que amo los relojes.

Sí, amo los relojes… y los mapas. En el mercado de Greenwich encontramos una librería encantadora, donde —¡qué alegría!— me hice de un mapa de México de 1817.

Gracias, Angélica y Adriana, las quiero con todo mi corazón y ha sido una verdadera dicha compartir con ustedes este viaje de cumpleaños. ¡Gracias por tanto!

Se cumplieron los 50. Se cumplieron… y bonito. ¡Que sigamos haciendo de la vida esta historia que deseamos recordar!

Mónica Morales Rocha

Siguiente
Siguiente

De regreso a la radio